Durante un tiempo, consideré un milagro al Atlas. Una puerta con potencial infinito. Fui muy ingenua.
No es ninguna tierra prometida. No es nada que mi padre ni yo jamás esperamos que fuera.
El Atlas se ha convertido en un señuelo para los ambiciosos. Una herramienta para quienes quieren moldear la realidad a su gusto, y una trampa para quienes no pueden ver el costo de hacerlo. Para cuando se dan cuenta de lo que implica realmente, si es que alguna vez lo descubren, el Atlas ya ha comenzado a dominarlos.
No te consume de una vez; te va desgastando. Pensamiento a pensamiento. Parte a parte. Hasta que te conviertes en algo completamente diferente.
Ojalá pudiera decir que sé cómo detenerlo, pero encontraré el modo. Tengo que hacerlo. — El viaje |
Sirus y yo teníamos una simple relación de compañeros de estudios al principio… era difícil no verse impresionado por él. Era el mejor de los Asesinos del Antiguo; la mente más brillante que he conocido jamás.
Juntos, nos dedicamos de lleno a combatir la creciente amenaza del interior del Atlas.
Pero como ocurre con todas las búsquedas individuales, no tuvimos en cuenta los peligros de nuestro alrededor. Estábamos demasiado obsesionados por nuestro propósito como para considear el costo, tanto para nosotros mismos como para el otro.
Con el tiempo, el Atlas se apoderó de Sirus. Su transformación no solo afectó a su ser, sino a su propósito. Fue alterado hasta volverse irreconocible.
Lo que fuera que había existido entre nosotros, murió con quien él solía ser.
Quizás fue mi culpa. Debí ver las señales, debí prepararlo para lo que nos esperaba al avanzar. Debería haber notado muchas cosas... y ahora elijo no ver. Elijo no ver el decaimiento, la distorsión, la miseria.
Lo que le ocurrió a Sirus no puede volver a ocurrir. No perderemos a nadie más. Basta de dolor. Por eso mi trabajo en el Atlas no es solo crucial, sino necesario. — La llama abandonada |
Las probabilidades de éxito eran… más que ínfimas. Y aun así, de algún modo, lo conseguí.
Puse en marcha lo necesario a través del tiempo y el espacio, e intervine antes de que tomase forma la línea de tiempo que consumiría a Sirus.
Lo que recuerda, lo que {cree}... es suficiente. Vive desconectado del Atlas, sin el peso de lo que vino ni lo que vendrá.
Era el único modo de salvarlo. Tal vez sea la única forma de salvarnos a todos. — El éxito |
Pocos tienen tanta sangre en sus manos como los templarios. Por su sed de poder, aplastaban a cualquiera sin importar quién fuera, qué vidas arruinaban, qué familias desgarraban ferozmente.
Eran solo unos pocos hombres, pero dirigían a miles. Miles que estaban dispuestos a cometer horrores en el nombre de la "virtud".
Mis propios recuerdos de los templarios son prácticamente brutales. Lo que le hicieron a mi familia... lo que le hicieron a tantos otros...
Y siempre, detrás de todo, el Atlas. El gran premio del que no se habla. No lo veían como un peligro, sino como un arma. Un camino para dominarlo todo.
Cuando el poder toma forma, aparecen personas que quieren alterarla. Los templarios hicieron exactamente eso, y las cicatrices de sus hechos aún permanecen, grabadas a fuego en el mundo... y en quienes logramos sobrevivir. — Furia de los templarios |
Creí que había logrado colocar suficientes protecciones para que él no pudiera seguir mis pasos. Fui una tonta al subestimar a alguien como él.
Que haya logrado avanzar tanto, que se haya adentrado tanto en el Atlas, quizás era inevitable.
Una parte de mí no puede evitar sentir orgullo. Superó cada obstáculo que le impuse.
Pero hay una barrera que nunca debe atravesar.
Algunas verdades destruyen más de lo que revelan. Cada hilo que descose en busca de respuestas nos acerca más al desastre. — El resultado |
Las creencias nos pueden elevar. También pueden borrar. Lo he visto en hombres… y en quienes alcanzaron la divinidad.
No existe una ironía más grande en todo Wraeclast que el nombre "Inocencia". Un símbolo de supuesta pureza, usado para justificar las más indescriptibles atrocidades. Desde pequeña pude ver lo que podían hacer quienes creían en su nombre. Lo que {hicieron}. Hay recuerdos que no desaparecen.
La fe sin obstáculos se vuelve una fuerza igual de peligrosa que los dioses. Y el Atlas es igual... No exige alabanzas, pero recompensa la devoción, en el sentido retorcido de la palabra. Altera compleatmente a quienes lo siguen, y no los convierte en santos, sino en fanáticos.
Solo basta con ver lo que le ocurrió a Sirus... o a mi padre... — Mente de un dios |
Pequeños momentos… pocos y muy dispersos… los separan montañas, cañones… nos alteran, nos moldean, sin previo aviso y sin que lo notemos.
Para bien o para mal, mi padre tuvo buenas intenciones. Quiso lo mejor para todos. Quiso lo mejor para mí, y siempre lo admiraré por eso.
Incluso ahora que el Atlas intenta traicionar nuestros corazones, lo amo. Sigue siendo mi padre. Sigue siendo... nuestro Valdo. — Pequeños momentos |
Un hombre vino de visita hoy. Mi padre lo llamó tío Eramir, pero yo sé que mi madre no tenía hermanos.
Creo que mi padre solo está tratando de hacerme sentir mejor, para que yo no sienta que estamos solos. Pero lo estamos. No hay nadie más que nosotros.
No me pondré triste, porque sé que mi padre lo está. Me pondré triste más adelante, cuando ya no seamos solo nosotros, y tal vez mi padre no se sienta tan solo. — Tío |
Mi viaje tuvo sus errores. Ahora puedo verlos. Esto en lo que me he convertido… esto en lo que me convertí… ahora se ve con claridad. Aunque ya puedo ver mis errores, ella no puede verme. — El ciego |
Nuestra propia existencia parece destinada a atraer los vicios de los hombres. Dominus, Venarius, incluso yo. Me he vuelto menos gentil, menos atento para con Zana, debido a mi dolor.
Hasta perdí los estribos con ella en una ocasión. Temo que la oscuridad de nuestro interior inevitablemente está creciendo y aprisionando nuestras mentes mientras el mundo golpea nuestros frágiles muros de ignorancia y orgullo.
Este lugar, estas Tierras de los sueños... Si el mundo real tiene fallas, quizás yo pueda crear uno mejor... — La tierra de los sueños |
El Alto Templario se muestra más y más cruel conmigo. Venarius sospecha que estoy involucrado con los heréticos ocultos, pero no comprende la verdad. Nunca había sentido una furia más amarga.
La "verdad" sobre Inocencia no significa nada para mí, y a los templarios puede partirlos un rayo en lo que a mí respecta. Esa era la causa de mi esposa, no la mía, y ella pagó con su vida por su coraje. Y eso jamás se los perdonaré. — Ocaso |
Con todas las piezas delante, la mayoría reconstruiría una máquina como era originalmente. Pero Isla no. Ahora que se ha librado del control de los templarios, ha reimaginado cómo podría ser un artefacto de mapas.
En sus cartas, me pregunta si sigo sola. Ella está jugando con las runas kalguranas en Marca del rey. El Atlas ha evolucionado gracias a sus experimentos, amplificando tanto el peligro como las recompensas de su interior.
¿Qué otro poder podría infundirse con el Atlas? Si el artefacto de mapas es más que una simple entrada, ¿qué aspectos del Atlas se podrían modificar si seguimos alterando la construcción del artefacto de mapas?
Busco un poder más elusivo que la luz de las estrellas. Cuando vuelva a escribirle, le preguntaré si estos kalguranos pueden conseguir lo que necesito. — Retoques de Isla |
En su juventud, Venarius quería purgar la corrupción de los templarios, pero ese nombre lleno de ideología no existía cuando llegó a mi vida.
Parece que se vuelve difícil preocuparse por la humanidad una vez que contemplas la enorme cantidad de amenazas que esperan en el horizonte. Él buscó un arma para luchar contra esos demonios, sin importar el costo.
Se podría decir que Venarius estaba corrupto... pero, ¿Sirus? Sirus era lo más cercano a un héroe que Wraeclast podía desear. Sirus creía en la humanidad y en mí. Se sacrificó para salvarnos a todos, y aun así, el Atlas lo consumió y regurgitó una coraza sin sentimientos.
Venarius no era ningún tonto. Necesitas poder para superar a las siniestras entidades que se ven atraídas por el Atlas, pero no puedo destruir al Atlas con armas que provengan de él. Necesito crear un arma propia. — Depravación de Venarius |
Todo esto comenzó en las tierras de los sueños. El corazón del Atlas. El nexo de mi padre. Siempre asumí que era solamente el lugar donde nació el Antiguo, la cáscara que quedó atrás.
Ahora sospecho que las tierras de los sueños existen desde mucho antes del nacimiento del Antiguo. Su amo, el Decaimiento, se sintió atraído por las tierras de los sueños, al igual que otras fuerzas ahora se sienten atraídas por la ausencia del Antiguo.
Quienes han buscado poder en el Atlas han usado el nexo, pero nadie tuvo una imaginación como la de mi padre. Quienes llegaron después de él solo jugaron dentro de los límites de los reinos que él creó.
Puede que las tierras de los sueños sean eternas, pero el Atlas fue su creación. El Antiguo mismo fue su maestro. Y yo también aprendí de él. También aprendí. Lo que fue creado, moldeado, no se puede destruir... — Nexo de Valdo |
He visto a mi compañeros y a mis seres queridos volverse locos en el Atlas. Mi padre, Sirus... hasta los exiliados que contraté. Tal vez esa conciencia es lo que me separa de ese destino.
Tengo que mantenerme alerta. No puedo dejar que el Atlas me manipule. Incluso Veritania, que solía ser calma y sensata, se rindió ante él. Se convenció de que ella sola podría evitar que otros persiguiesen sus deseos viles. Obviamente, he considerado el paralelismo que hay entre nosotras.
Cuando Eagon apareció aquí, asumí que eran las tentaciones del Atlas. Traté de cortar todas mis conexiones con el mundo para poder enrtregarme completamente... Pero hay ciertas cosas que simplemente no logré eliminar.
Hice todo lo que pude para evitar que siga este camino. ¿Podrá ser que el Atloas lo estuviese llamando aunque yo lo haya mantenido a salvo? Temo que el Atlas esté trabajando en mi contra. Tengo que seguir adelante sin importar lo que se interponga en mi camino — Determinación de Zana |